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La construcción de un espacio de experiencia americano en las crónicas de Indias del siglo XVI

Hace un tiempo hablaba, en este mismo lugar, sobre Reinhart Koselleck y los conceptos de «espacio de experiencia» y «horizonte de expectativas» aplicados a las crónicas de Indias del siglo XVI. El título del post era La construcción de un espacio de experiencia americano en el siglo XVI: siguiendo a Reinhart Koselleck.

El trabajo al que en aquel momento me refería está disponible en mi perfil de Academia.edu (http://unav.academia.edu/AlvaroBaraibar/), concretamente en la siguiente dirección: http://www.academia.edu/2508558/La_Naturaleza_en_el_discurso_indiano_la_construccion_de_un_espacio_de_experiencia_americano

Confío en que el texto sea de interés.

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El encubertado (‘armadillo’) en Gonzalo Fernández de Oviedo

Quiero inaugurar este blog con una entrada dedicada a un pequeño pasaje que encontramos en Gonzalo Fernández de Oviedo, el primer cronista de Indias. La elección tiene mucho de sentimental, podríamos decir, porque la edición del Sumario de la natural historia de este autor fue el primero de los trabajos de investigación a los que dediqué mi tiempo en el Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO).

Como es de sobra conocido, Oviedo y otros cronistas, a la hora de nombrar y describir la naturaleza americana recurrían a comparaciones con seres u objetos cercanos, conocidos por su público. En este sentido, en ocasiones los cronistas recrean en la imaginación del lector una suerte de collage de criaturas al establecer analogías entre las distintas partes del cuerpo de un animal americano con diferentes especies europeas. Así, en Pedro Mártir de Anglería la zarigüeya es «un animal monstruoso, con cara de zorra, cola de mono, orejas de murciélago, manos de hombre, pies de mona, que adonde quiera que va lleva a sus hijos en un vientre exterior a modo de bolsa grande» (Décadas del Nuevo Mundo, Década primera, cap. IX, p. 78).

En algunos casos Oviedo extrae el elemento más llamativo del animal descrito y lo compara con otro ser no tanto por la similitud física, como por el hecho de compartir dicha característica. Es el caso del «Encubertado», nombre con el que se conoció en aquellos primeros momentos al ‘armadillo’, que Oviedo coloca como ejemplo, en caso de que se hubiera podido conocer antes, de los caballos encubertados, de los caballos con armadura:

«Los encubertados son animales […] de la fación y hechura ni más ni menos que un caballo encubertado, con sus costaneras y coplón, y en todo y por todo, y por debajo de lo que muestran las costaneras y cubiertas, sale la cola, y los brazos en su lugar, y el cuello y las orejas por su parte. Finalmente, es de la misma manera que un corsier con bardas; […] No podría dejar de sospecharse si aqueste animal se hobiera visto donde los primeros caballos encubertados hobieron origen, sino que de la vista destos animales se había aprendido la forma de las cubiertas para los caballos de armas» (Sumario, ed. Baraibar, pp. 175-176).

Un armadillo junto a un caballo encubertadoEl encuentro entre el Nuevo Mundo y el Viejo y el intento de traducir a palabras conocidas lo desconocido, lo que en las Indias Occidentales se podía contemplar fácilmente «por vista de ojos», dio lugar a múltiples pasajes como el descrito, verdaderas joyas para quienes nos interesa la Historia cultural y las crónicas de Indias de los primeros años del Descubrimiento.

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