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El concepto de autoridad en la «Historia» de Gonzalo Fernández de Oviedo

Portada de la Historia de Gonzalo Fernández de Oviedo

Portada de la Historia de Gonzalo Fernández de Oviedo

“Es cosa difícil hacer las cosas viejas nuevas; e a las nuevas dar auctoridad; y a las que salen de lo acostumbrado, dar resplandor; a las obscuras, luz; y a las enojosas, gracia; e a las dudosas, fe”, avisaba Gonzalo Fernández de Oviedo, citando a Plinio, en las primeras páginas de su Historia (I: 10-11). El ambicioso proyecto de Oviedo se encontraba ante la dificultad de tratar de explicar “a todas las repúblicas del mundo” tanto el carácter radicalmente nuevo como “la amplitud e grandeza destos Estados que guardaba Dios a vuestra real corona de Castilla” (Historia, I: 10). Esta misma preocupación por la difícil credibilidad de sus descripciones e informaciones se había hecho presente también en el proemio del Sumario. En uno y otro lugar, Oviedo se presenta a sí mismo como una autoridad y se esfuerza a la hora de informarnos sobre las fuentes de esta autoridad, sobre los distintos elementos en los que él fundamenta el crédito que merece su obra. El marco del concepto de autoridad que Oviedo reivindica para sí en un contexto fundamentalmente retórico como el de los proemios será coherente con el que él aplique a otros a la hora de elegir las fuentes a partir de las que construir su relato.

La revista Hispanófila (University of North Carolina at Chapell Hill, EE.UU.) publicaba en su número 171 un trabajo en el que trato de mostrar cómo funcionan esas diferentes fuentes de autoridad en el que fuera el primer cronista de Indias:

Baraibar, Álvaro, «El concepto de autoridad en la Historia general y natural de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo», Hispanófila, 171, 2014, pp. 45-57.

Jesús Carrillo, al estudiar al “Fernández de Oviedo historiador”, ha analizado espléndidamente cómo operan aspectos como el desarrollo de su actividad profesional, su pertenencia a la Casa Real o su condición de hidalgo a la hora de presentar su obra como investida de una autoridad superior a la de otras personas que también escri­bí­an sobre el Nuevo Mundo.[i] Por otro lado, Oviedo se presenta a sí mismo como un nuevo Plinio a la hora de acometer la labor de describir la naturaleza americana. Como hiciera aquel gran autor, Oviedo quiere escribir para su emperador la historia natural de las nuevas tierras descubiertas. Sin embargo, cuando el cronista acomete la labor de descripción de esa nueva realidad nos encontramos ante alguien que da un salto cualitativo y que se aleja de la autoridad de los clásicos, apostando claramente por la experiencia personal vivida como testigo de vista (ver el «Estudio preliminar» a mi edición del Sumario de Fernández de Oviedo).

El Nuevo Mundo representa una nueva realidad, desconocida hasta el momento y esto es algo que hace especialmente interesante estudiar cómo reaccionan quienes viajan a aquellas tierras y quieren describir lo que allí se encuentran. El espacio de experiencia y el horizonte de expectativas de los españoles que viajaron a las Indias Occidentales se encontraron con un mundo para el que no tenían explicación, con sociedades y naturalezas diferentes, con otros espacios de experiencia y horizontes de expectativa fruto de su particular devenir histórico, de sus tradiciones, de su forma de comprender el mundo y sus esperanzas de cara al futuro y lo que de él pudieran esperar. De la convivencia y contacto, difícil y violento en la mayor parte de los casos, de estos dos mundos irá surgiendo un nuevo espacio de experiencia americano, con su propia lógica y dinámica. Las fuentes de autoridad, contempladas desde esta perspectiva del espacio de experiencia y el horizonte de expectativa, sufrieron un reacomodo que resulta evidente ya en Gonzalo Fernández de Oviedo y que tendrá su desarrollo en los cronistas de Indias que escribieran posteriormente.[ii]

En este contexto, Oviedo acometió la labor de escribir el Sumario de la natural historia de las Indias y, de una forma más ambiciosa, la propia Historia general y natural de las Indias. Y no lo hizo como obras al margen de su labor escritora, anterior y posterior, más centrada en la península o como una nueva etapa que rompiera con lo precedente, sino como una parte más de la historia de la monarquía castellana, como una plasmación más, tal vez de las más importantes, de la gloria del imperio castellano. Se trataba en realidad de la elaboración de un discurso oficial, un relato, en el que el objetivo era insertar los nuevos territorios descubiertos en la historia de la monarquía castellana. Fruto del reacomodo de las fuentes de autoridad en ese nuevo espacio americano, las estrategias discursivas variarán y se adaptarán a la nueva realidad. Como veremos, Oviedo es un gran ejemplo de ello.

[i] Carrillo Castillo, Naturaleza e imperio (Aranjuez, Ediciones Doce Calles, 2004, pp. 31 y ss.), texto que sigo en muchos momentos de este y otros trabajos.

[ii] Sobre los conceptos de “espacio de experiencia” y “horizonte de expectativa”, ver Koselleck, Futuro pasado (Barcelona, Ediciones Paidós, 1993), y para una mirada sobre algunos cronistas del siglo XVI desde esta perspectiva, Baraibar 2011.

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Hernán Cortés en la «Historia general y natural de las Indias» de Gonzalo Fernández de Oviedo

Hernán CortésLa imagen de Hernán Cortés ha sido objeto de múltiples lecturas, contradictorias entre sí en muchas ocasiones. El proceso de construcción del mito sobre los personajes históricos requiere de un proceso de análisis para tratar de identificar las razones de diversa índole que explican unas y otras interpretaciones en sus propios contextos históricos.

La Revista Complutense de Historia de América acaba de publicarme un trabajo en el que estudio una pequeña pero significativa parte de ese proceso de construcción del personaje de Cortés en la Historia de Gonzalo Fernández de Oviedo. El objetivo principal del artículo es analizar de qué modo el proceso de escritura de la crónica, así como las ideas del cronista incidieron en la forma en que el conquistador se nos muestra en la que fue la primera crónica de Indias.

Baraibar, Álvaro, «Hernán Cortés en la Historia general y natural de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo», Revista Complutense de Historia de América, 40, 2014, pp. 139-154. DOI: http://dx.doi.org/10.5209/rev_RCHA.2014.v40.46346

La construcción del personaje de Cortés en la Historia de Oviedo camina paralelamente al proceso de escritura de la crónica. En la Historia encontramos una evolución en lo que a la imagen de Cortés se refiere que se ve influida por el contenido de las Cartas que Oviedo va trasladando al argumento de su libro 33 y por pasajes concretos e ideas que acuden a la mente del cronista. Según avanza el resumen que Oviedo hace de las Cartas de Cortés, la figura de éste como un excelente militar va cobrando la forma de un héroe y, así, Oviedo lo compara con grandes figuras legendarias. La primera idea de un Cortés desleal para con Diego Velázquez se verá mitigada en los capítulos en los que se impone claramente el conquistador, el héroe militar. Es cierto que el Descubrimiento no es un mérito que corresponda a Cortés y Oviedo incide en ello en más de una ocasión también como forma de resaltar la figura de Cristóbal Colón. Pero conforme avanza el libro 33, la imagen de Cortés como gran conquistador terminará por imponerse en el cronista madrileño y esto resolverá las dudas que podía haber sobre él con motivo de su deslealtad para con su superior. Y esto será así hasta que Cortés cometa el error de cuestionar la autoridad de Velázquez como legítimo representante del rey y se atreva a escribir al monarca sugiriéndole que él indagaría sobre el posible mal hacer de aquel y enviaría a Cuba a apresarlo si podía demostrarlo. Cortés podía ser un gran conquistador y gobernador de Nueva España, pero en Cuba “no tenía qué hacer”.

Tal vez podamos coincidir con Octavio Paz en la necesidad de que “el conquistador debe ser restituido al sitio a que pertenece con toda su grandeza y todos sus defectos, a la Historia”. El estudio quiere arrojar algo de luz sobre la elaboración del personaje que llevara a cabo Gonzalo Fernández de Oviedo, así como sobre algunas de las razones que le impulsaron a ello.

El trabajo forma parte de los resultados del proyecto HAR2012-31536, Discurso y poder, lengua y autoridad en el mundo hispánico (siglos XVI-XVII), subvencionado por el Ministerio de Economía y Competitividad.

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A propósito de «Historia y ficción», el nuevo libro de Alex Coello de la Rosa

Portada de la Historia de Gonzalo Fernández de Oviedo

Portada de la Historia de Gonzalo Fernández de Oviedo

Alex Coello de la Rosa publicó el año pasado un nuevo libro centrado en la figura y producción de Gonzalo Fernández de Oviedo.

Coello de la Rosa, Alexandre, Historia y ficción. La escritura de la Historia general y natural de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (1478-1557), València, Universitat de València, 2012, 170 pp.

Alexandre Coello de la Rosa ha dedicado una parte de su prolija producción historiográfica a estudiar diversos aspectos de la Historia de Gonzalo Fernández de Oviedo. Diez años después de que se publicara su De la naturaleza y el Nuevo Mundo: maravilla y exotismo en Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (Madrid, Fundación Universitaria Española, 2002), el historiador barcelonés nos presenta otro libro centrado en el que fuera primer cronista de Indias. En esta ocasión, Coello se ha interesado por la forma en que Gonzalo Fernández de Oviedo construyó su discurso historiográfico y por la relación que su Historia establece entre la sincera búsqueda de la verdad histórica y las constantes e ilustrativas referencias a mitos, leyendas e imágenes propias de un contexto que podríamos considerar como más literario. Y todo ello con el evidente y manifiesto objetivo de justificar el Imperio castellano de Carlos V, el mayor que la historia había conocido gracias precisamente al descubrimiento del Nuevo Mundo.

El trabajo plantea, en última instancia, una reflexión sobre el oficio del historiador a la altura de la primera mitad del siglo XVI, así como sobre la relación entre Historia y Literatura en el contexto de las nuevas maneras del quehacer histórico renacentista. En las crónicas de Indias, género que da sus primeros pasos de la mano del propio Oviedo, tradiciones de carácter medieval convivían junto a lugares propios de la Antigüedad clásica y a una reivindicación de la experiencia como testigo de vista a la hora de conocer la verdad que escondía el Nuevo Mundo. La Historia de Gonzalo Fernández de Oviedo es un gran ejemplo de todo ello y un incomparable campo de experimentación de todas estas ideas.

Ver la reseña completa.

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Autoridad y experiencia en Gonzalo Fernández de Oviedo: el caso de las Hespérides y Cristóbal Colón

Imagen de la portada del Sumario de Fernández de OviedoEn el Sumario (1526), primera de las obras de Gonzalo Fernández de Oviedo sobre las Indias, el cronista no utilizó ninguna referencia a mitos de la Antigüedad a la hora de explicar el Nuevo Mundo, su naturaleza o su fauna. Sin embargo, años después, en la Historia (en 1535 se publicó el primer volumen), Oviedo no pudo evitar una mirada mítica sobre América, al identificar las Antillas con las islas Hespérides (Fernández de Oviedo, Historia, vol. I, p. 13 y 17-20). En este curioso pasaje el cronista basó su interpretación en la obra de Annio de Viterbo, quien quiso legitimar las monarquías europeas y en particular la de los Reyes Católicos por medio de una obra, dedicada a estos últimos, en la que editaba a una serie de autores clásicos supuestamente perdidos durante mucho tiempo y hallados por él. Oviedo aceptó la autoridad de unos textos —que en otros momentos niega— porque le era útil para aportar argumentos en defensa de la propiedad castellana de las tierras americanas.

En la Historia hay diversos pasajes en los que Oviedo acepta la autoridad de otros autores con un sentido igualmente utilitario, sobre todo cuando la experiencia no podía proporcionarle pilares sólidos en los que sustentar y defender sus opiniones. En el caso que nos ocupa, Oviedo fuerza conscientemente el argumento para demostrar la propiedad castellana sobre las Indias y utiliza para ello, en una elaborada argumentación, autoridades como Aristóteles, Teophilus de Ferrariis, Eusebio, San Isidoro, Beroso…

Por otro lado, en Oviedo encontramos una segunda intención a la hora de identificar las Antillas con las Hespérides: reivindicar la figura de Cristóbal Colón. Para poder hacerlo Oviedo necesitaba demostrar que el descubrimiento de Colón no había sido una mera casualidad, sino que sabía exactamente a dónde viajaba y qué iba a encontrar. A pesar de ello, al referirse a Colón, Oviedo termina introduciendo nuevamente la variable de la experiencia, piedra angular de su discurso, cuando explica la cuestión de las Hespérides:

Así que, fundando mi intención con los auctores que tengo expresados, todos ellos señalan a estas nuestras Indias. E por tanto, yo creo que, conforme a estas auctoridades, o, por ventura a otras que, con ellas, Colom podría saber, se puso en cuidado de buscar lo que halló, como animoso experimentador de tan ciertos peligros e longuísimo camino. Sea esta u otra la verdad de su motivo: que por cualquier consideración que él se moviese, emprendió lo que otro ninguno hizo antes que él en estas mares, si las auctoridades ya dichas no hobiesen lugar (Fernández de Oviedo, Historia, vol. I, p. 20).

Oviedo, tras demostrar el conocimiento que Colón pudo tener de estas tierras más allá de las columnas de Hércules, duda de que éste hubiera sido el motivo que indujo al almirante a acometer su empresa. Oviedo se referirá líneas más adelante a que Colón pudo estar movido «por aviso del piloto (que primero se dijo), que le dio noticia desta oculta tierra, en Portugal o en las islas que dije (si aquello fue así), o por las auctoridades que se tocaron en el capítulo antes deste, o en cualquier manera que su deseo le llamase» (Historia, vol. I, p. 21). Y resalta el papel de la experiencia al calificar a Colón como un «animoso experimentador». Poco después, vuelve a incidir en la misma idea:

Cristóbal Colom fue el primero que en España enseñó a navegar el amplísimo mar Océano por las alturas de los grados de sol y Norte, e lo puso por obra; porque hasta él, aunque se leyese en las escuelas tal arte, pocos (o mejor diciendo, ninguno) se atrevían a lo experimentar en las mares, porque es sciencia que no se puede ejercitar enteramente, para la saber por experiencia y efecto, si no se usa en golfos muy grandes e muy desviados de la tierra (Fernández de Oviedo, Oviedo, Historia, vol. I, pp. 20-21).

En definitiva, el valor que Oviedo atribuye a la experiencia le lleva a resaltar la importancia de Colón al margen de que en algún momento alguien pudiera haber sabido algo de la existencia de las Indias. El almirante fue el primero que puso en práctica, que demostró con su propia experiencia una idea que alguien pudo transmitirle. El recurso a autoridades clásicas y medievales tiene en Oviedo en muchos casos una función más pragmática, utilitaria podríamos decir.

[Sobre este pasaje hablé en Coloquio Internacional “El bestiario de la literatura latinoamericana (el bestiario transatlántico)”, organizado por el CRLA-Archivos (Université de Poitiers – CNRS) y celebrado en Poitiers, 14 a 16 de octubre de 2009]

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La construcción de un espacio de experiencia americano en las crónicas de Indias del siglo XVI

Hace un tiempo hablaba, en este mismo lugar, sobre Reinhart Koselleck y los conceptos de «espacio de experiencia» y «horizonte de expectativas» aplicados a las crónicas de Indias del siglo XVI. El título del post era La construcción de un espacio de experiencia americano en el siglo XVI: siguiendo a Reinhart Koselleck.

El trabajo al que en aquel momento me refería está disponible en mi perfil de Academia.edu (http://unav.academia.edu/AlvaroBaraibar/), concretamente en la siguiente dirección: http://www.academia.edu/2508558/La_Naturaleza_en_el_discurso_indiano_la_construccion_de_un_espacio_de_experiencia_americano

Confío en que el texto sea de interés.

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El sambenito: una anécdota de la difícil traducción entre el Viejo y el Nuevo Mundo

Releyendo la Historia general y natural de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo, he encontrado un pasaje que no deja de ser una anécdota, pero que tiene mucha fuerza a la hora de mostrarnos algunos aspectos de la mentalidad del que fue el primer cronista de Indias y que es, al mismo tiempo, un curioso ejemplo de la difícil traducción entre el Viejo y el Nuevo Mundo en los primeros momentos del descubrimiento y conquista de América. Quiero aclarar a quienes puedan leer el texto desde una escala de valores más propia del siglo XXI que tanto los códigos de la risa como los valores culturales y sociales en su conjunto han cambiado radicalmente desde aquel tiempo. Por otro lado, Oviedo no desaprovecha la ocasión para dar a la anécdota un valor moralizante muy propio del momento, pero que, curiosamente, podría tener plena vigencia en estos momentos.

El texto se pueden encontrar en Fernández de Oviedo, G., Historia general y natural de las Indias, ed. J. Pérez de Tudela, Atlas, Madrid, 1992, vol. IV, pp.46-47 y dice así:

Sambenito«Notoria cosa es el castigo que en España se da a los heréticos, segund la calidad de sus delictos: que a unos azotan, a otros ponen en cárcel perpetua, e a otros que se reconcilian, les ponen un Sanct Benito o coselete amarillo sin mangas e sin costuras por los lados, con una cruz grande colorada, vel sanguina, delante, e otra detrás; a unos para que traigan esta insignia por tiempo limitado, e a otros para todos los días de su vida, e a otros queman por sus méritos. Siguiose que un converso se penitenció por sus culpas en Temistitán, y el perlado o jueces de la Sancta Inquisición hiciéronlo estar en el auto en pie, descalzo, sin cinto e sin bonete, e con un cirio ardiendo en la mano, e con el dicho Sanct Benito, en tanto que se dijo una misa solemne un domingo; en la cual, en su tiempo, un notario del Sancto Oficio leyó la sentencia e los méritos o culpas de aquel delincuente, por lo cual se le impuso aquella penitencia o Sanct Benito. E hubo un sermón que predicó un devoto y esciente predicador, conforme al auto, e amonestando al penitente a la enmienda de su vida so pena del fuego, y exhortando a todos a bien vivir, como se suele hacer e predicar en casos semejantes, estando todas las personas principales e oficiales de su majestad presentes, e mucha parte de la cibdad, e muchos indios de los convertidos e baptizados, para los instruir en las cosas de nuestra sancta fe católica.

Entre los cuales indios, un mercader de los ricos, e sobradamente cobdicioso e diligente, no entendiendo bien la honra que a aquel recién conciliado se le hizo, pareciole que aquel grado de Sanct Benito debía ser una muy singular fiesta e honrosa para aquel penitenciado. E como vía el indio que entre los cristianos españoles había algunos caballeros comendadores de las órdenes de Santiago e Calatrava e Alcántara, e de la orden de Montesa e de San Joan de Rodas, con cruces en los pechos de diferentes maneras e colores, e no traen más de una cruz e pequeña, e a esotro diéronle dos e muy grandes, e una delante e otra detrás, así pensó el mercader que este nuevo hábito era más honrado e apreciado a todos los otros, e que era cosa que los cristianos se preciarían más de él que de los otros que es dicho. E así como se acabó la misa e se fue el indio a su casa, arbitrando que le había venido una grand ocasión para enriquecerse presto, hizo luego hacer trescientos o cuatrocientos Sanct Benitos o más, semejantes al de aquel reconciliado, e púsose con ellos en el tiánguez o mercado, puestos en uno o dos rimeros sobre una mesa, y en el canto de ella hincada una vara o asta, y en ella puesto un Sanct Benito de aquellos por muestra o señuelo, para que desde lejos se viese la mercadería que tractaba. Pues como algunos españoles llegaban a le preguntar que para qué eran aquellos Sanct Benitos, y el indio los oyó nombrar, aprendió el nombre, e respondía que para hacerse comendadores, como habían hecho al que es dicho. Los cristianos reíanse mucho de él e pasaban adelante, porque era la mercadería la que es dicho, y el indio quedaba dando voces, e diciendo: “Sanct Benito, Sanct Benito”.

En fin, como vido que no le quisieron comprar ninguno de sus Sanct Benitos, informose de la casa donde vivía aquel reconciliado, e llevóselos todos para ver si los quería comprar, e con mucho placer ofrecía de le hacer cortesía en el precio. El otro pecador, como no estaba tan contento de la nueva orden como el indio pensaba, comenzolo a amenazar e a maltractar de palabra; de lo cual el indio muy espantado se fue a quejar a la justicia, donde le desengañaron de su mercadería, e se fue, culpando a su propria cobdicia, que le hizo gastar su hacienda en lo que no le convenía, como suele acaecer a muchos que se ocupan en las cosas que no entienden».

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La Y.u.ana (‘iguana’): la importancia de la experiencia personal en Oviedo

Si hay algo que caracteriza a Gonzalo Fernández de Oviedo y que encontramos constantemente en sus escritos es su apuesta por la experiencia como modo de descubrir y describir la naturaleza americana. Oviedo va más allá de lo que puede ser una pose simplemente retórica. Como él mismo informa en la Historia, «no escribo de auctoridad de algún historiador o poeta, sino como testigo de vista, en la mayor parte, de cuanto aquí tratare; y lo que yo no hobiere visto, direlo por relación de personas fidedignas, no dando en cosa alguna crédito a un solo testigo, sino a muchos, en aquellas cosas que por mi persona no hobiere experimentado» (Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, ed. J. Pérez de Tudela, vol. I, p. 13).

En consonancia con lo anterior, es importante resaltar cómo en Oviedo encontramos únicamente un caso en que se acepte la existencia de seres monstruosos. En lo que a la descripción y la identificación de la especies americanas se refiere, Oviedo se aleja de la tradición de los bestiarios medievales, mucho más presente, por ejemplo, en los autores de las grandes enciclopedias ilustradas de la segunda mitad del siglo XVI, como Konrad Gessner, Pierre Belon o Ulises Aldrovandi.

El ejemplo de la iguana es muy claro en este sentido. En el Sumario, Oviedo se refiere a las iguanas como

una manera de sierpes que en la vista son muy fieras y espantables, pero no hacen mal, ni está averiguado si son animal o pescado, porque ellas andan en el agua y en los árboles y por tierra; y tienen cuatro pies, y son mayores que conejos, y tienen la cola como lagarto, y la piel toda pintada […], y por el cerro o espinazo unas espinas levantadas, y agudos dientes y colmillos, y un papo muy largo y ancho, que le cuelga desde la barba al pecho (Fernández de Oviedo, Sumario, ed. Á. Baraibar, p. 93).

Iguana/dragónLa iguana, un animal totalmente nuevo para Oviedo y que había cautivado al cronista, era un ser que hubiera podido despertar la imaginación de otros autores, asociándolo con algunos de los monstruos tan presentes en la literatura y el arte medievales y renacentistas. Oviedo se centra en describir lo que ve, el animal, sus costumbres, explica cómo se debe pronunciar el nombre y trata de mostrar su valor culinario. Así, en la Historia, el cronista madrileño nos explica cómo se debía escribir y pronunciar «yuana»:

Llámase iuana, y escríbese con estas cinco letras, y pronúnciase i, e con poquísimo intervalo, u, e después, las tres letras postreras, ana, juntas e dichas presto: así que, en el nombre todo, se hagan dos pausas de la forma que es dicho (Fernández de Oviedo, Historia, ed. J. Pérez de Tudela, vol. II, p. 32).

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