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¿Lope de Vega o Lope de Aguirre?

¿A quién no le ha ocurrido alguna vez que a la hora de escribir pensando en un nombre, por asociación de ideas o porque en ese momento estaba dándole vueltas a otra cosa, finalmente escribe otro? Esto es lo que le debió ocurrir a una de las manos que intervinieron en la copia del manuscrito de Toribio de Ortiguera, Jornada del río Marañón con todo lo acaecido en ella y otras cosas notables… acaecidas en las Indias Occidentales.

La copia de la relación de Toribio de Ortiguera a la que me refiero se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid (Ms. 3211). Se trata de un manuscrito de 208 folios escrito por Ortiguera, historiador, pero que no estuvo presente en la expedición que pasaría a la historia por la rebelión de Lope de Aguirre. En el manuscrito intervienen más de una mano y el lapsus al que me quiero referir se produce en el folio 152v. A mitad de folio, el escribano se debió detener para afilar la pluma. Es lo que se desprende del cambio de grosor en el trazo que se produce en este punto del manuscrito. Mientras se ocupaba de dicha labor, habría descansado y despejado su mente pensando tal vez en la última o en la próxima representación que tendría lugar en la ciudad, en la obra de teatro que había visto o que iba a ver en breve.

El caso es que al volver al trabajo y antes de tener tiempo suficiente como para concentrarse en el texto que estaba copiando —y en su contexto—, tuvo un pequeño despiste, en el que asoció un nombre con otro y el pobre Lope de Vega pasó brevemente a ser el protagonista de los desaguisados cometidos en la Jornada de Omagua y El Dorado. El escribano rápidamente se dio cuenta de su error y tachó Vega para poner a continuación Aguirre. Quedaba restaurado así el buen nombre de Lope de Vega y la condición de tirano volvía a Lope de Aguirre.

El lapsus no deja de ser una anécdota divertida, un pequeño error corregido con un simple tachón. Sin embargo, a veces estos errores pueden sernos útiles y pueden ir más allá de una simple y escueta nota al pie en una edición. A veces estos errores pueden aportar un poco de información sobre otros aspectos del testimonio. En este caso, lo que el error nos podría decir es que en la fecha en que se elaboró la copia del manuscrito el nombre de Lope llevaba a un escribano a pensar inmediatamente en Lope de Vega. Siendo así, podemos pensar que el dramaturgo gozaba ya de cierta fama. Por algunas de las referencias que aparecen en el manuscrito, Ortiguera habría escrito su relación entre 1581 y 1585, fecha esta última en que Lope de Vega todavía no era sino un joven de 23 años y todavía un desconocido. Probablemente, la copia se hizo unos años después, aunque bien podría ser de otro modo. A fin de cuentas, solo se trata de un pequeño y simple tachón, no?

Imagen del manuscrito con el error tachado

Recorte del fol. 152v del manuscrito de Toribio de Ortiguera

Encontrarán más información al respecto en la edición que Miraida G. Villegas Gerena está preparando de este texto como tesis doctoral, un trabajo que tengo el gusto de dirigir junto a Blanca Oteiza Pérez, en el Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra.

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La Jornada de Omagua y El Dorado: Francisco Vázquez y Pedrarias de Almesto

Lope de AguirreEntre las crónicas de Indias de la segunda mitad del siglo XVI existe un corpus importante de testimonios que relatan los acontecimientos de lo que se llamó la Jornada de Omagua (Amagua en algunos casos) y El Dorado. Las crónicas cuentan cómo Diego Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete y virrey del Pirú, tuvo noticia de una provincia que llamaban Omagua, situada en el cauce del río Marañón, actual Amazonas, en la que había grandes riquezas y donde podría ubicarse el mítico Dorado. El virrey dio poderes al navarro Pedro de Ursúa, amigo suyo, para que fuese a descubrir dichas provincias, nombrándole gobernador de las mismas. La fuente de estas noticias fueron unos indios brasiles que habían llegado al Perú y que “contaron grandes cosas del río y de las provincias a él comarcanas, y especialmente de la provincia de Amagua, ansí de la muchedumbre de naturales y riqueza que en ella había, por lo cual pusieron deseo a muchas personas de las ir a ver y descubrir” (Vázquez, Relación de todo lo que sucedió…, fol. 1v).

La jornada, organizada como una entrada o expedición de conquista, no solo no encontró las tierras de El Dorado, sino que derivó en una serie de rebeliones y muertes, comenzando por la del propio Pedro de Ursúa, por las que pasaría a la historia el “tirano” Lope de Aguirre, caballero natural de Oñate, que acompañaba a Ursúa en la jornada y terminó haciéndose con el control de la expedición. Las relaciones nos informan de las numerosas muertes de las que fue responsable, tanto entre los expedicionarios, conocidos con el sobrenombre de “los marañones”, como entre los habitantes de las zonas por las que pasó la expedición. Tras más de nueve meses de recorrer el Amazonas desde su embarque en el Perú, Lope de Aguirre llegó a la isla Margarita, pasando desde allí a la gobernación de Venezuela, donde finalmente sería muerto él también en Barquisimeto, no sin hacer antes todo lo necesario para que, como nos dice Vázquez, al menos la fama de sus crueldades quedara “en la memoria de los hombres para siempre que hubiese mundo” (Vázquez, Relación de todo lo que sucedió…, fol. 111r).

Se trata de un episodio de la historia del que hemos conservado numerosos testimonios tanto directos de soldados que participaron en la jornada como indirectos. La Relación de todo lo que sucedió en la jornada de Amagua y Dorado de Francisco Vázquez es una fuente fundamental en este conjunto de textos y representa un caso excepcional para estudiar aspectos como la figura del autor o cuestiones de autoría en el siglo XVI.

Pedrarias de Almesto, otro soldado que, como Vázquez, participó en la jornada, elaboró su propia versión a partir de la escrita por aquél. La práctica habitual a la hora de editar esta Relación, desde que se publicara por primera vez en 1881, ha sido la de reproducir la versión de Almesto a nombre de Vázquez. Sin embargo, desde la perspectiva de la autoría o la intención de autor de ambos marañones a la hora de escribir la relación, ambas versiones son obras diferentes, por lo que es necesario restaurar el texto de Francisco Vázquez, así como las dos versiones de Pedrarias de Almesto.

Sobre esta problemática textual escribí un artículo (“La Jornada de Amagua (Omagua) y Dorado: entre Francisco Vázquez y Pedrarias de Almesto”), publicado en Taller de Letras, NE1, 2012, pp. 35-49 y que podrá descargar en el siguiente enlace: http://dspace.unav.es/dspace/handle/10171/23727

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