Autoridad y experiencia en Gonzalo Fernández de Oviedo: el caso de las Hespérides y Cristóbal Colón

Imagen de la portada del Sumario de Fernández de OviedoEn el Sumario (1526), primera de las obras de Gonzalo Fernández de Oviedo sobre las Indias, el cronista no utilizó ninguna referencia a mitos de la Antigüedad a la hora de explicar el Nuevo Mundo, su naturaleza o su fauna. Sin embargo, años después, en la Historia (en 1535 se publicó el primer volumen), Oviedo no pudo evitar una mirada mítica sobre América, al identificar las Antillas con las islas Hespérides (Fernández de Oviedo, Historia, vol. I, p. 13 y 17-20). En este curioso pasaje el cronista basó su interpretación en la obra de Annio de Viterbo, quien quiso legitimar las monarquías europeas y en particular la de los Reyes Católicos por medio de una obra, dedicada a estos últimos, en la que editaba a una serie de autores clásicos supuestamente perdidos durante mucho tiempo y hallados por él. Oviedo aceptó la autoridad de unos textos —que en otros momentos niega— porque le era útil para aportar argumentos en defensa de la propiedad castellana de las tierras americanas.

En la Historia hay diversos pasajes en los que Oviedo acepta la autoridad de otros autores con un sentido igualmente utilitario, sobre todo cuando la experiencia no podía proporcionarle pilares sólidos en los que sustentar y defender sus opiniones. En el caso que nos ocupa, Oviedo fuerza conscientemente el argumento para demostrar la propiedad castellana sobre las Indias y utiliza para ello, en una elaborada argumentación, autoridades como Aristóteles, Teophilus de Ferrariis, Eusebio, San Isidoro, Beroso…

Por otro lado, en Oviedo encontramos una segunda intención a la hora de identificar las Antillas con las Hespérides: reivindicar la figura de Cristóbal Colón. Para poder hacerlo Oviedo necesitaba demostrar que el descubrimiento de Colón no había sido una mera casualidad, sino que sabía exactamente a dónde viajaba y qué iba a encontrar. A pesar de ello, al referirse a Colón, Oviedo termina introduciendo nuevamente la variable de la experiencia, piedra angular de su discurso, cuando explica la cuestión de las Hespérides:

Así que, fundando mi intención con los auctores que tengo expresados, todos ellos señalan a estas nuestras Indias. E por tanto, yo creo que, conforme a estas auctoridades, o, por ventura a otras que, con ellas, Colom podría saber, se puso en cuidado de buscar lo que halló, como animoso experimentador de tan ciertos peligros e longuísimo camino. Sea esta u otra la verdad de su motivo: que por cualquier consideración que él se moviese, emprendió lo que otro ninguno hizo antes que él en estas mares, si las auctoridades ya dichas no hobiesen lugar (Fernández de Oviedo, Historia, vol. I, p. 20).

Oviedo, tras demostrar el conocimiento que Colón pudo tener de estas tierras más allá de las columnas de Hércules, duda de que éste hubiera sido el motivo que indujo al almirante a acometer su empresa. Oviedo se referirá líneas más adelante a que Colón pudo estar movido «por aviso del piloto (que primero se dijo), que le dio noticia desta oculta tierra, en Portugal o en las islas que dije (si aquello fue así), o por las auctoridades que se tocaron en el capítulo antes deste, o en cualquier manera que su deseo le llamase» (Historia, vol. I, p. 21). Y resalta el papel de la experiencia al calificar a Colón como un «animoso experimentador». Poco después, vuelve a incidir en la misma idea:

Cristóbal Colom fue el primero que en España enseñó a navegar el amplísimo mar Océano por las alturas de los grados de sol y Norte, e lo puso por obra; porque hasta él, aunque se leyese en las escuelas tal arte, pocos (o mejor diciendo, ninguno) se atrevían a lo experimentar en las mares, porque es sciencia que no se puede ejercitar enteramente, para la saber por experiencia y efecto, si no se usa en golfos muy grandes e muy desviados de la tierra (Fernández de Oviedo, Oviedo, Historia, vol. I, pp. 20-21).

En definitiva, el valor que Oviedo atribuye a la experiencia le lleva a resaltar la importancia de Colón al margen de que en algún momento alguien pudiera haber sabido algo de la existencia de las Indias. El almirante fue el primero que puso en práctica, que demostró con su propia experiencia una idea que alguien pudo transmitirle. El recurso a autoridades clásicas y medievales tiene en Oviedo en muchos casos una función más pragmática, utilitaria podríamos decir.

[Sobre este pasaje hablé en Coloquio Internacional “El bestiario de la literatura latinoamericana (el bestiario transatlántico)”, organizado por el CRLA-Archivos (Université de Poitiers – CNRS) y celebrado en Poitiers, 14 a 16 de octubre de 2009]

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