Archivos para 17 septiembre 2012

La construcción de un espacio de experiencia americano en el siglo XVI: siguiendo a Reinhart Koselleck

Portada de Futuro pasado, de Reinhart KoselleckAmérica sirvió a conquistadores y cronistas para encontrar explicación e incluso ubicación geográfica a seres y lugares legendarios que funcionaban como claves de interpretación de la maravillosa, extraordinaria e inesperada realidad americana. Pero, al mismo tiempo, la consciencia de hallarse ante un Nuevo Mundo, desconocido hasta el momento, les permitió reafirmarse en un discurso de superación de los antiguos apostando por la observación directa, por la experiencia personal vivida como «testigos de vista», como el medio más adecuado para comprender y describir la realidad.

Desde fechas muy tempranas algunos cronistas dudaron de que los modelos clásicos, el saber de los Antiguos, sirvieran para comprender las características de las nuevas tierras descubiertas. América, un nuevo continente fuera de la Isla de la Tierra, con una flora y una fauna distintas y desconocidas por Aristóteles o Plinio, con unas condiciones climáticas excepcionales donde debería ubicarse la Tórrida Zona, planteaba nuevas preguntas y reclamaba nuevas respuestas. La querella entre clásicos y modernos, en el contexto americano, es también, claramente, el proceso de ajuste del espacio de experiencia y el horizonte de expectativa de quienes se desplazaron al Nuevo Mundo. Es, en definitiva, el proceso de creación de un nuevo espacio de experiencia americano.

Experiencia, en cuanto «pasado presente», y expectativa, en cuanto «futuro hecho presente» —utilizando los conceptos acuñados por Reinhart Koselleck — no son dos categorías opuestas y excluyentes sino más bien complementarias, de cuya dialéctica se desprende el tiempo histórico, que no ha sido igual sino cambiante a lo largo de la historia. Siguiendo a Koselleck, en una sociedad tradicional el horizonte de expectativa está limitado por el espacio de experiencia. A partir de finales del siglo XVIII con la introducción de la idea ilustrada de progreso la novedad fue que «las expectativas que ahora se extendían hacia el futuro se separaran de aquello que habían ofrecido hasta ahora todas las experiencias precedentes». Y, al mismo tiempo, «todas las experiencias que se habían añadido desde la colonización de ultramar y desde el desarrollo de la ciencia y de la técnica no eran suficientes para derivar de ahí nuevas expectativas de futuro» (Koselleck, Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos, Ediciones Paidós, Barcelona, 1993, pp. 333-357, la cita en la p. 347).

Siendo así, ¿resulta viable aplicar los conceptos de Koselleck al estudio del siglo XVI americano? Yo creo que sí. Es más, a la vista del descubrimiento del Nuevo Mundo, la dialéctica entre espacio de experiencia y horizonte de expectativa cobra nuevos sentidos y gana en matices y perspectivas. América aporta un segundo espacio de experiencia, el del indígena, que aparece en un primer momento de forma débil, que permanece oculto o acallado durante un tiempo, pero que irá dejando oír su voz y, más adelante, será rescatado en el proceso de construcción de las identidades nacionales frente a lo europeo. Pero América implica, además, un tercer espacio de experiencia: el construido por los españoles que viajaron a tierras americanas y que fueron incorporando nuevos elementos y herramientas fruto de su vida en aquellas tierras, a la vista de que el espacio de experiencia europeo que portaban consigo no daba respuestas satisfactorias a lo que allí se encontraban. El espacio de experiencia del indígena americano interactúa con el de los castellanos y se incorpora a ese nuevo espacio que surge del contacto con lo europeo.

Sobre el proceso de construcción de este espacio de experiencia americano en las crónicas de Indias del siglo XVI trabajé hace un tiempo. Para más información: Baraibar, Á., «La Naturaleza en el discurso indiano: la construcción de un espacio de experiencia americano», en Tierras prometidas. De la colonia a la independencia, ed. B. Castany, L. Fernández, B. Hernández, G. Serés y M. Serna, Barcelona, Centro para la Edición de los Clásicos Españoles, 2011, pp. 9-30.

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